Nuestra historia en PACMA

Estaba en el suelo. Con su cara de inocencia, nunca extrañó el trato humano y ajeno a toda la maldad de este mundo, se dejó hacer. Por suerte cayó en buenas manos, lo llamamos Alcaucil, y lo hemos cuidado hasta que ha estado preparado para marchar.alcaucil en la cajita.

Lo colocamos en una cajita con una apertura donde podía asomarse, tal y como un avión común haría en su nido natural. Desde ahí veía venir la comida y piaba de emoción, hasta que con el buche lleno se quedaba adormecido. No existe piar mas dulce y alegre que el de un avión, si las personas que destruyen sus nidos pudieran conocer uno tan de cerca estamos seguros de que nunca más se les ocurriría repetirlo.

Tras sus primeros revoloteos no pasó mucho tiempo hasta que supimos que tenía que marcharse. Buscamos una colonia en la que se sintiera acogido y nos despedimos de él con el mismo temor del de una madre que manda a su hijo de viaje por primera vez, con la diferencia de que Alcaucil no podrá llamarnos para avisarnos de que le fue bien.
Le deseamos todo lo mejor en su nueva vida, y no olvidamos el legado de alegría que dejó en las nuestras.


Alcaucil no pesa más que un puñado de garbanzos, pero su historia a sido capaz de emocionar a muchas personas, y hemos tenido el placer de que personas sensibles como las que forman PACMA hayan compartido en su blog oficial nuestra historia: http://blog.pacma.es/2015/la-feliz-despedida/

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